Y SIN EMBARGO, TE QUIERO

Post 43_16.12.13

Sí, al final todo se reduce a si te enamoras o no de alguien. Es eso, la química, que hace que alguien te guste. Así que, de hecho, da igual la pinta que uno tenga o si eres más o menos simpático. A veces tenemos alguna amiga guapísima y pensamos que si nosotras fuéramos ella nos comeríamos el mundo y tendríamos al chico por el que bebemos los vientos pero, ¿sabéis? No es así. No es así porque sobre gustos colores, y cuántas veces no ha pasado que otra de tus amigas, menos guapa pero supersimpática o muy divertida, ¿se acaba llevando el pato al agua? O, sorprendentemente, la que no ha dicho ni mú en toda la fiesta ¿acaba ligando? Pues eso. Cada uno busca cosas diferentes en una pareja: algunos mueren por el aspecto exterior; otros se dejan llevar por la inteligencia; otros, por el carácter, porque sea una persona graciosa y el alma de la fiesta, o al revés, una persona tímida que se pone colorada nos puede seducir… A veces sólo necesitas ver disfrutar a alguien bailando, o descubrirle la sonrisa para enamorarte. Cada persona, a su modo, tiene encanto, y son los “ojos” de los demás los que lo ven o no. Pero nosotras a veces somos tan tontas que sólo damos valor a lo que realmente no lo tiene tanto, como la apariencia física. Lo que os decía antes: nos creemos que si fuéramos algo más guapas, algo más delgadas, o con más tetas… algo más ¿perfectas?, nos iría todo mejor en el amor. Cuando en realidad… ¿qué es la perfección? ¿Quién es la persona perfecta? Pensad si no en vuestro actor o cantante favoritos… ¿A que os parece increíble que ellos también se lleven chascos en el amor? ¡Es por eso!, porque es una cuestión de química y nada más. Así que da igual que seas bajita o no saques buenas notas. Da igual que no hables mucho o que hables por los codos. Da igual que tengas el pelo liso o rizado, largo o corto, rubio o moreno. Siempre serás perfecta y aquel que se enamore de ti lo habrá visto.

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EL AMOR

Me encanta esta foto de amor y la cita escrita en ella porque nos enseña que en ocasiones no elegimos de quién nos enamoramos, simplemente el corazón corre solo y se entrega a ciegas.