Te quiero

Post 37_3-06-13

Hola, soy Bea. Ana me ha dejado su blog de Blancanieves porque tengo algo muy importante que contar.

Un día un chico me dijo que me quería. Me lo soltó como si nada. Te quiero. Luego me dedico una sonrisa enorme y se marchó. Estuve toda la noche sin poder dormir, fantaseando con él. Imaginándome que me diría cuando saliéramos juntos o cuando hagamos el amor. Es lo máximo a que aspira una princesa, que su príncipe la quiera.  Esas palabras no pararon de retumbar en mi cabeza… te quiero, te quiero, te quiero… hasta la mañana siguiente. Llegué a clase. Me senté en mi mesa y pude ver como el chico se acercaba. Estaba tan nerviosa, que no sabía qué cara poner. Jamás me había besado, pero ya sabía que me quería.  Me lo dijo. Me dedicó otra sonrisa y se sentó. Aquel lunes, el profe nos hizo un examen sopresa. Un examen tipo test.  La tercera pregunta era la más complicada. El chico se giró. Miró a mi compañera  Ana y le dijo: ¡¡¡la tres, la tres!!! Porfa. Ana, más rápida que una bala le contestó: LA C. El chico le guiño el ojo y le dijo: Gracias, te quiero.

Resumen:No todos los hombres dicen TE QUIERO cada tres segundos. Los que aman de verdad, saben cuando y como hacerlo. Así distinguimos las princesas, a los hombres de los Príncipes. Unos quieren y otrosaman.

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PEDIR PERDÓN

Post 33_03-05-13

¿Por qué nos cuesta tanto a veces pedir perdón? Sabemos que nos equivocamos y, aún así, el orgullo nos puede y callamos, y seguimos alejados de esa persona a quien queremos sólo porque no somos capaces de acercarnos a ella, mirarla a los ojos y decirle sinceramente que lo sentimos.

El orgullo no es algo de lo que estar orgulloso, sobre todo cuando te hace tomar decisiones equivocadas. Si quieres a alguien, no debes herirle. Pero si lo haces (porque somos humanos, y no perfectos), no debes entonces dejar que el orgullo gane la partida. Nos cuesta asumir errores pero todos, en nuestro fuero interno, sabemos siempre cuándo hemos obrado bien o mal. Y cuando ese pequeño angelito de la conciencia que todos tenemos en nuestro hombro derecho nos advierte que no hemos actuado bien con alguien, debemos reaccionar y arreglar las cosas. Y pedir perdón si es necesario.

REALES COMO LA VIDA MISMA

 

Post 32_12-04-13

Una princesa no tiene que ser perfecta. Una princesa no tiene que ser la más guapa. Una princesa tiene que poseer, ante todo, autoestima. Debe quererse. Porque ella es única, inigualable. ¿O es que hay alguien como tú? ¡No! ¡Por eso eres tan especial! Nunca nunca nunca olvides eso. Las Princess no lo hacemos. Y claro que hay días que te miras al espejo y piensas: «¿Por qué tengo esta cara tan pálida?» o «¿Por qué tengo este culo?». Días en que te devuelven un examen que no te fue muy bien y la nota es… ¡desastrosa! Y piensas: «¿Por qué siempre estudio a última hora?» o «¿No podría dárseme mejor esta asignatura?». Días que te cruzas con el chico que te gusta y, cuando ¡por fin! él te habla, tú sueltas cualquier estupidez sin sentido, tartamudeando. Y de nuevo, piensas: «¿Es que soy tonta o qué?». Sí, todas las princesas tenemos días de estos y son inevitables, y hasta incluso es bueno que vivamos estos momentos porque nos hacen mejorar también y porque, si realmente nos queremos, conseguimos darle la vuelta a la tortilla y, al final, esas preguntas se convierten en una sonrisa y en frases así:

«Esta cara de muerto hace que me parezca a Bella Swan.»
«Tengo un culo espectacular, como el de Jennifer Lopez.»
«Pues no seré buena en esta asignatura, pero esa otra ¡me encanta!»
«¿Tonta? Para nada. Si yo le hablara a un chico y balbuceara nervioso lo encontraría… encantador.»

 

Así que ya sabéis: no os toméis tan en serio y reíros de vosotras mismas porque, princesas, acordaos: ¡sois estupendas, fantásticas y maravillosas tal y como sois!

EL PRIMER AMOR

Post 25

Mañana es primero de febrero. Para mí febrero es un mes especial. Además de que pronto será san Valentín, el Día del Amor por excelencia, la semana que viene será el cumpleaños de mi primer amor.

Éramos unos niños cuando le conocí. En el pueblo, durante unas vacaciones de verano. Le dijeron que a mí me gustaba, cosas de críos en la piscina, ya sabéis. Yo tenía diez años, él doce. Y claro, se hizo el chuleta. Me empujó y caí al agua. Me asusté tanto por la sorpresa que chapoteé desesperadamente hacia la escalera, tosiendo mucho porque había tragado un montón de agua. Sus amigos se reían. Yo subí los escalones, humillada, y me alejé de ellos. Quería desaparecer, pero sólo logré esconderme, titiritando, en mi toalla. Él se acercó a mí. «Lo siento», dijo. A mí me temblaba la barbilla. No quería echarme a llorar. «Lo siento», repitió, y cogió mi mano en la suya.

Ya no nos separamos en todo el verano y, aunque nunca más lo volví a ver, cada principio de febrero me acuerdo de él y de su cumpleaños.

PIENSA EN MÍ

Silvia y David ya han vuelto a casa. Ha sido una semana maravillosa, estar con ellos y hacer excursiones me ha hecho ver mi pueblo de todos los veranos, desde que era pequeña, de otro modo, de una manera muy diferente. He descubierto rincones por los que había pasado mil veces y nunca había prestado atención… rincones que permanecerán en mi recuerdo para siempre, porque ahora, en ellos, siempre veré momentos inolvidables. Como la noche en que, en las fiestas del pueblo, Silvia pilló una borrachera de ponche a lo tonto, porque durante la media parte, en el descanso de la orquesta, los de la organización sirvieron ponche para todos en la plaza y ella, que no está acostumbrada, ¡con un par de vasos se puso de lo más divertida! No dejó de bailar hasta el final, y eso fueron ya las seis de la mañana, porque después de la orquesta hubo disco móvil. Luego, al día siguiente, ¡le dolía la cabeza que ni os cuento! Sus padres no se enfadaron con ella, parece que ellos también pasaron algún que otro verano en su pueblo, de jóvenes, y que ¡un desliz en las fiestas del pueblo está permitido! Ojalá los míos fueran tan permisivos.

Pero el recuerdo que permanecerá para siempre en mi corazón es el de la última noche que Silvia y David pasaron aquí. Después de cenar salimos con David a dar una vuelta, los dos solos Silvia, eres la mejor de las amigas!, gracias por entenderlo y quedarte en la casa rural). Caminamos hasta la fuente, que está a la salida del pueblo, y nos sentamos allí. Había luna llena, no podía ser una noche más bonita. Nos quedamos callados, sólo se oía a los grillos. Me volví hacia él, me miró a los ojos y me acarició el pelo. Eso hizo que mi corazón fuera a mil. Puso su mano en mi nuca y tiró de ella hacia él, hasta que nuestras caras quedaron a muy pocos centímetros de distancia. Antes de besarme muy dulcemente y de quedarnos abrazados y en silencio, disfrutando de tanta paz nocturna, me dijo: “Piensa en mí estos días que no estaré”.

¡Te quiero, David!