Te quiero

Post 37_3-06-13

Hola, soy Bea. Ana me ha dejado su blog de Blancanieves porque tengo algo muy importante que contar.

Un día un chico me dijo que me quería. Me lo soltó como si nada. Te quiero. Luego me dedico una sonrisa enorme y se marchó. Estuve toda la noche sin poder dormir, fantaseando con él. Imaginándome que me diría cuando saliéramos juntos o cuando hagamos el amor. Es lo máximo a que aspira una princesa, que su príncipe la quiera.  Esas palabras no pararon de retumbar en mi cabeza… te quiero, te quiero, te quiero… hasta la mañana siguiente. Llegué a clase. Me senté en mi mesa y pude ver como el chico se acercaba. Estaba tan nerviosa, que no sabía qué cara poner. Jamás me había besado, pero ya sabía que me quería.  Me lo dijo. Me dedicó otra sonrisa y se sentó. Aquel lunes, el profe nos hizo un examen sopresa. Un examen tipo test.  La tercera pregunta era la más complicada. El chico se giró. Miró a mi compañera  Ana y le dijo: ¡¡¡la tres, la tres!!! Porfa. Ana, más rápida que una bala le contestó: LA C. El chico le guiño el ojo y le dijo: Gracias, te quiero.

Resumen:No todos los hombres dicen TE QUIERO cada tres segundos. Los que aman de verdad, saben cuando y como hacerlo. Así distinguimos las princesas, a los hombres de los Príncipes. Unos quieren y otrosaman.

EL PRIMER AMOR

Post 25

Mañana es primero de febrero. Para mí febrero es un mes especial. Además de que pronto será san Valentín, el Día del Amor por excelencia, la semana que viene será el cumpleaños de mi primer amor.

Éramos unos niños cuando le conocí. En el pueblo, durante unas vacaciones de verano. Le dijeron que a mí me gustaba, cosas de críos en la piscina, ya sabéis. Yo tenía diez años, él doce. Y claro, se hizo el chuleta. Me empujó y caí al agua. Me asusté tanto por la sorpresa que chapoteé desesperadamente hacia la escalera, tosiendo mucho porque había tragado un montón de agua. Sus amigos se reían. Yo subí los escalones, humillada, y me alejé de ellos. Quería desaparecer, pero sólo logré esconderme, titiritando, en mi toalla. Él se acercó a mí. «Lo siento», dijo. A mí me temblaba la barbilla. No quería echarme a llorar. «Lo siento», repitió, y cogió mi mano en la suya.

Ya no nos separamos en todo el verano y, aunque nunca más lo volví a ver, cada principio de febrero me acuerdo de él y de su cumpleaños.