¡FELICES FIESTAS!

Conozco a mucha gente que no disfruta de la Navidad, pero yo soy de las que la espero con ansia e ilusión, con una sonrisa en los labios. ¡Me encantan estas fiestas! Me gusta ponerme el abrigo y la bufanda, salir a la calle y sentir el frío en las mejillas, alzar los ojos y ver las luces iluminando las calles y a la gente que, en estas fechas, sale a pasear mucho más aunque sea invierno y oscurezca tan pronto. Me gustan las ferias de juguetes y artesanía, los pesebres callejeros, las comidas familiares, salir con las amigas. Volver a sentirme algo niña de nuevo.

Así que, desde aquí, el resto de Princess y yo os deseamos…

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NADIE DIJO QUE SER PRINCESA FUERA FÁCIL

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No, no lo es. Y si no, pensad en tres de nuestras princesas:

BLANCANIEVES. Además de hacerla de criada, tuvo que aguantar que su madrastra, que era de lo más envidiosa, intentara “deshacerse” de ella.

CENICIENTA. Como si la muerte de un padre fuera poco, Cenicienta también tiene que aguantar que su madrastra la trate como a una “chacha”.

YASMIN. A ella, a quien controlan en palacio las 24 horas, quieren obligarla a casarse con alguien a quien no ama.

¿Qué tienen en común? Que son infelices. Pero también, que son capaces de cambiar eso, desafiar lo establecido y cambiar, así, su destino: Yasmin decide desobedecer a su padre y aventurarse en las calles de la ciudad, fuera de palacio; Cenicienta también desoye las órdenes de su madrastra y, gracias a la ayuda de un hada madrina, acaba asistiendo al baile que tanta ilusión le hacía; Blancanieves huye al bosque cuando se da cuenta de las intenciones de su madrastra.

Y es que, a veces, las princesas deben elegir y encontrar su propio camino.

EL PRIMER AMOR

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Mañana es primero de febrero. Para mí febrero es un mes especial. Además de que pronto será san Valentín, el Día del Amor por excelencia, la semana que viene será el cumpleaños de mi primer amor.

Éramos unos niños cuando le conocí. En el pueblo, durante unas vacaciones de verano. Le dijeron que a mí me gustaba, cosas de críos en la piscina, ya sabéis. Yo tenía diez años, él doce. Y claro, se hizo el chuleta. Me empujó y caí al agua. Me asusté tanto por la sorpresa que chapoteé desesperadamente hacia la escalera, tosiendo mucho porque había tragado un montón de agua. Sus amigos se reían. Yo subí los escalones, humillada, y me alejé de ellos. Quería desaparecer, pero sólo logré esconderme, titiritando, en mi toalla. Él se acercó a mí. «Lo siento», dijo. A mí me temblaba la barbilla. No quería echarme a llorar. «Lo siento», repitió, y cogió mi mano en la suya.

Ya no nos separamos en todo el verano y, aunque nunca más lo volví a ver, cada principio de febrero me acuerdo de él y de su cumpleaños.

LLEGA… ¡LA NOCHE MÁS TERRORIFICA DEL AÑO!

Las Princess estamos preparando la noche de Halloween… Y tú, ¿tienes plan para hoy? Nosotras nos reuniremos en el Milano, un grupo del instituto ha organizado una fiesta ahí y tiene toda la pinta de ser ¡terroríficamente divertida! Para los que se presenten disfrazados la entrada es gratis, así que las Princess hemos decidido convertirnos en monstruos por una noche: Estela irá de zombi porque, junto a algunos amigos suyos del teatro han preparado una coreografía de Thriller, de Michael Jackson. A nosotras Estela nos animó a bailar con ellos e incluso nos pasó un vídeo para que aprendiéramos los pasos pero, qué va, ¡qué vergüenza nos daba a las tres! Así que al final Bea se ha decidido por un mono de esqueleto (¡claro, con ese tipazo que tiene de hacer deporte!); Silvia, de fantasma (porque dice que es lo más fácil, se coloca una sábana encima y ¡arreando!, y porque quiere darle una sorpresa a Sergio, que llegue a la fiesta y no la reconozca); y yo, de ¡brujita! A todas las Princess les hace mucha gracia que haya escogido este disfraz porque dicen que ¡es todo lo contrario a mí! Pero yo les respondo que justo por eso lo he escogido: así, disfrazada, tendré excusa para ser un poco mala y… que se vaya preparando mi novio David esta noche… 🙂

¿Y vosotros? ¿Ya tenéis disfraz? Si aún no estáis seguros de qué personaje os va mejor… ¿por qué no lo descubrís con este test?

PIENSA EN MÍ

Silvia y David ya han vuelto a casa. Ha sido una semana maravillosa, estar con ellos y hacer excursiones me ha hecho ver mi pueblo de todos los veranos, desde que era pequeña, de otro modo, de una manera muy diferente. He descubierto rincones por los que había pasado mil veces y nunca había prestado atención… rincones que permanecerán en mi recuerdo para siempre, porque ahora, en ellos, siempre veré momentos inolvidables. Como la noche en que, en las fiestas del pueblo, Silvia pilló una borrachera de ponche a lo tonto, porque durante la media parte, en el descanso de la orquesta, los de la organización sirvieron ponche para todos en la plaza y ella, que no está acostumbrada, ¡con un par de vasos se puso de lo más divertida! No dejó de bailar hasta el final, y eso fueron ya las seis de la mañana, porque después de la orquesta hubo disco móvil. Luego, al día siguiente, ¡le dolía la cabeza que ni os cuento! Sus padres no se enfadaron con ella, parece que ellos también pasaron algún que otro verano en su pueblo, de jóvenes, y que ¡un desliz en las fiestas del pueblo está permitido! Ojalá los míos fueran tan permisivos.

Pero el recuerdo que permanecerá para siempre en mi corazón es el de la última noche que Silvia y David pasaron aquí. Después de cenar salimos con David a dar una vuelta, los dos solos Silvia, eres la mejor de las amigas!, gracias por entenderlo y quedarte en la casa rural). Caminamos hasta la fuente, que está a la salida del pueblo, y nos sentamos allí. Había luna llena, no podía ser una noche más bonita. Nos quedamos callados, sólo se oía a los grillos. Me volví hacia él, me miró a los ojos y me acarició el pelo. Eso hizo que mi corazón fuera a mil. Puso su mano en mi nuca y tiró de ella hacia él, hasta que nuestras caras quedaron a muy pocos centímetros de distancia. Antes de besarme muy dulcemente y de quedarnos abrazados y en silencio, disfrutando de tanta paz nocturna, me dijo: “Piensa en mí estos días que no estaré”.

¡Te quiero, David!