EL VERANO

post 48

A los que pasarán el verano conmigo. A los que lo pasarán lejos de mí. A los que me gustaría que lo pasaran conmigo, ni que fuera unos días, un momento, pero que ya no están en mi vida. A los que quise. A los que quiero. A mis mejores amigas, las Princess. A los compañeros de clase que me hacen reír. Y a los que me dejan los apuntes. También a los compañeros de clase idiotas, los que a veces se meten conmigo; ¿por qué no? A mi anciana vecina, la que siempre me sonríe cuando me ve cargada con los libros de clase y sujeta la puerta y espera a que pase para decirme casi en un susurro: “¡Quién tuviera tu edad!”. A mis padres, aunque me den tanto la vara, a mis hermanos, aunque me hagan rabiar. Al chico que me gusta ahora (¡a ver si un día te enteras!) y al chico que me gustó. Y a mí misma, cómo no.

 

A todos ellos, a todos vosotros… ¡FELIZ VERANO!

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DE PEQUEÑAS… PRINCESAS

Post 47

La última vez que escribí hablaba de llorar. Olvidé escribir que de llorar, aunque sea de tristeza y por algo malo, también me gusta esa sensación de volver a ser pequeña porque me siento desprotegida. Y no es que me guste sentirme así, lo que me gusta es lo que viene después: cuando mi madre me descubre llorando en la habitación porque ha entrado un momento a dejarme ropa o lo que sea, y entonces se sienta conmigo en la cama, junto a mí, tan junto a mí que nuestras piernas y brazos se rozan, y me pregunta qué me pasa y yo se lo explico hipando y ella me abraza y yo lloro entonces más fuerte y me quedo hecha un ovillo bajo sus brazos, y saco todo todo todo lo que me duele y me siento protegida por sus brazos y siento que soy aún su niña pequeña. Y eso me gusta. Me gusta sentir que siempre seré su niña pequeña y por eso, aunque llegue el día en que yo sea una mujer como ella, ella seguirá sentándose a mi lado en la cama y abrazándome si me ve llorar.

Echo de menos

Domingo por la tarde. Tirada en el sofá con mi madre y viendo una de esas series horribles que tanto le gustan. Gente rica, siglo XIX, primera guerra Mundial… un rollazo, pero de pronto, la vieja protagonista abre la boca y le dice a un soldado triste:

–        ¿No hecha usted de menos la Guerra?Y el soldado contesta:

–         Sí. La Guerra y muchas cosas más, pero hay que seguir adelante.

En un microsegundo, hice un resumen rápido de mis 18 años de vida y me di cuenta de lo que echo más de menos. Echo de menos, ser pequeña. Echo de menos a mi madre arropándome por la noche, echo de menos a la perrita Kira de mi abuela y al zumo de naranja que me preparaba mi padre antes de ir al cole. Echo de menos… la INOCENCIA. Siento que soy mayor y no me importa, pero echo de menos… eso. No ser mayor. Entonces, hice una pequeña trampa. Me fui a mi cuarto, me puse el pijama y me acurruque en el sofá con una manta y con la cabeza apoyada a la barriga de  mi madre, como cuando era peque. ¿Y sabéis que? A ella no le importó nada. Siguió mirando la serie mientras me acariciaba el pelo, creo que también lo echaba de menos.

Post 36_24-05-13

Aunque seamos adolescentes y odiemos a nuestros padres, a veces, mola olvidarlo un rato y dejarse querer. El amor de una madre, es uno de los más sinceros y un abrazo suyo, te teletransporta a la infancia en menos de un segundo.

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