Echo de menos

Domingo por la tarde. Tirada en el sofá con mi madre y viendo una de esas series horribles que tanto le gustan. Gente rica, siglo XIX, primera guerra Mundial… un rollazo, pero de pronto, la vieja protagonista abre la boca y le dice a un soldado triste:

–        ¿No hecha usted de menos la Guerra?Y el soldado contesta:

–         Sí. La Guerra y muchas cosas más, pero hay que seguir adelante.

En un microsegundo, hice un resumen rápido de mis 18 años de vida y me di cuenta de lo que echo más de menos. Echo de menos, ser pequeña. Echo de menos a mi madre arropándome por la noche, echo de menos a la perrita Kira de mi abuela y al zumo de naranja que me preparaba mi padre antes de ir al cole. Echo de menos… la INOCENCIA. Siento que soy mayor y no me importa, pero echo de menos… eso. No ser mayor. Entonces, hice una pequeña trampa. Me fui a mi cuarto, me puse el pijama y me acurruque en el sofá con una manta y con la cabeza apoyada a la barriga de  mi madre, como cuando era peque. ¿Y sabéis que? A ella no le importó nada. Siguió mirando la serie mientras me acariciaba el pelo, creo que también lo echaba de menos.

Post 36_24-05-13

Aunque seamos adolescentes y odiemos a nuestros padres, a veces, mola olvidarlo un rato y dejarse querer. El amor de una madre, es uno de los más sinceros y un abrazo suyo, te teletransporta a la infancia en menos de un segundo.

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El amor siempre se siente igual…

En la época de nuestros padres las princesas recibían mensajes como este:

« No hay nada más bello que lo que nunca he tenido,

nada más amado que lo que perdí.

Perdóname si hoy busco en la arena

una luna llena que arañaba el mar.

Si alguna vez fui un ave de paso

lo olvide pa’ anidar en tus brazos.

Si alguna vez fui bello y fui bueno

fue enredado en tu cuello y tus senos.

Si alguna vez fui sabio en amores

lo aprendí de tus labios cantores.

Si alguna vez amé, si algún día después de amar amé

fue por tu amor, Lucía, Lucía. »

JOAN MANUEL SERRAT – LUCIA

 

Me gustaría mirar por la mirilla de una puerta y ver como se enamoraron mis padres…

Princesa de Segunda mano

Esta mañana he ido a una tienda de segunda mano a comprar una camiseta que hacía días que tenia vista.  Cuando me la he puesto, me he sentido súper a gusto. Tenía un tacto muy gustoso y olía a jabón de melocotón.  Pero mientras me miraba al espejo, no podía parar de pensar en la propietaria anterior. A ella seguro que también le gustó cuando se la compró, pero por alguna razón, un día dejó de quererla y la abandonó en esa tienda llena de harapos.

Me gustaría llamarla y preguntarle porque se deshizo de tan bonita prenda” pensaba mientras le pagaba los 5 euros a la dependienta, y fue entonces, como un fantasma aparecido del oscuro pasado, apareció la primera novia de mi príncipe. Nunca hablamos de ella, pero la he visto en fotos. No sé qué pasó entre ellos, pero está claro, que un día dejaron de quererse.

¿Eso me pasara a mi algún día? ¿Y cuando pase que voy a hacer? ¿Dejar que otra se lo ponga y quedarme tan tranquila?

Me vinieron unas ganas enormes de acercarme a la ex de mi chico y preguntarle que pasó. Pero no lo hice. No lo hice, porque esto significaría reconocer que soy una princesa de segunda mano. Y eso NUNCA.

 

Post 34_10-05-13

 

Siempre, siempre, siempre hay que pensar que has sido la primera y la únicaEl presente es lo único que existe.

 

 

PEDIR PERDÓN

Post 33_03-05-13

¿Por qué nos cuesta tanto a veces pedir perdón? Sabemos que nos equivocamos y, aún así, el orgullo nos puede y callamos, y seguimos alejados de esa persona a quien queremos sólo porque no somos capaces de acercarnos a ella, mirarla a los ojos y decirle sinceramente que lo sentimos.

El orgullo no es algo de lo que estar orgulloso, sobre todo cuando te hace tomar decisiones equivocadas. Si quieres a alguien, no debes herirle. Pero si lo haces (porque somos humanos, y no perfectos), no debes entonces dejar que el orgullo gane la partida. Nos cuesta asumir errores pero todos, en nuestro fuero interno, sabemos siempre cuándo hemos obrado bien o mal. Y cuando ese pequeño angelito de la conciencia que todos tenemos en nuestro hombro derecho nos advierte que no hemos actuado bien con alguien, debemos reaccionar y arreglar las cosas. Y pedir perdón si es necesario.