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Hoy el día está gris gris pero ¡es viernes! y, como no tenemos clase esta tarde, las Princess estamos contentas. Hemos quedado en nuestro centro comercial favorito. ¿Y por qué es nuestro favorito? Pues no por sus tiendas (porque tampoco vamos a comprar, aunque nos guste curiosear la ropa de la nueva temporada), sino por una deliciosa orden que hay escrita en el suelo, justo al cruzar la puerta de entrada:

Post 28_22-02-13¿Cómo no vamos a disfrutar del día de hoy, aunque amenace lluvia, si lo afrontamos con una sonrisa? ¡Y más, juntas!

¡Pasad un buen fin de semana, gente!

¡YA PASÓ OTRO SAN VALENTÍN!

Post 27_15-02-13

Ayer las Princess tuvimos un San Valentín muy especial: ¡celebramos una RPU (Reunión de Princess Urgente) pijama! Aunque, claro, no había nada urgente que debatir, sólo ¡compartir cómo habíamos celebrado el día! Porque cada una tenía algo romántico que contar: David se presentó en mi casa con un ramo de rosas; Marcos le compuso una canción a Estela, que cantó en directo para ella en el Piccolino; Sergio apareció en el insti con un dibujo de Silvia ¡¡desnuda!! (pero superbonito, muy artístico, ¿eh?) y a Bea su chico le prometió… una escapada de tortolitos a la montaña este fin de semana.

Pero cuando estábamos las cuatro sentadas en círculo en el suelo, con nuestros pijamas, comiendo chuches, nos dimos cuenta de que no teníamos ni idea del origen del Día de los Enamorados, así que cogimos mi ordenador y nos pusimos a investigar. ¡Y esto es lo que aprendimos!:

El día de San Valentín no es un invento de los grandes centros comerciales, es una celebración anglosajona que se ha extendido a otros lugares. A las Princess nos parece estupendo, ¡porque nunca está de más una excusa para expresar lo que sientes por alguien! Además, ¿sabéis que en algunos países se llama el día del Amor y la Amistad? ¿No os parece algo precioso? 🙂

Parece ser que San Valentín fue un sacerdote romano que se opuso a un emperador que había prohibido los matrimonios entre jóvenes porque así los soldados, solteros, rendían más y tenían menos ataduras emocionales. San Valentín siguió casando a chicos y chicas y claro, cuando el emperador se enteró… bueno, ya sabéis cómo eran las cosas en esa época, no había piedad, y finalmente, tras un periodo en prisión, lo ejecutaron.

DIME QUE SÍ

La nueva canción que ha compuesto Marcos nos chifla a todas las Princess, sobre todo porque, para nosotras, un “dime que sí” es un canto al optimismo, a que las cosas van a salir bien, es decir “vamos a hacerlo juntos; atrévete”. ¡Porque vida sólo hay una y debemos apostar por lo que creemos!

Post 26_08-02-13

Todo pasó tan deprisa,
el amor tiene mil caras y yo no lo sabia.
 
De la noche a la mañana
de amigos a enemigos
de pasar noches cantando,
todas llorando.
 
Dime que no es una locura,
querer volver contigo,
que todo lo que digo,
es todo lo que siento.
 
Litros y litros de olvidos bebidos,
por cuentos que no cuentan nada
e historias sin sentido.
Donde quedan ahora,
esos cantos a la luna,
y esas canciones mágicas para alegrar al mundo.
 
De la noche a la mañana
de amigos a enemigos
de pasar noches cantando,
todas llorando.
 
Dime que no es una locura,
querer volver contigo,
que todo lo que digo,
es todo lo que siento.
 
Dime que hablaste con tus lunas,
te dijeron que de vidas solo hay una.
Lo sé, tu suerte no depende de mí.
 
Dime que si.
Dime que si.
Dime que si.
Dime que si.

EL PRIMER AMOR

Post 25

Mañana es primero de febrero. Para mí febrero es un mes especial. Además de que pronto será san Valentín, el Día del Amor por excelencia, la semana que viene será el cumpleaños de mi primer amor.

Éramos unos niños cuando le conocí. En el pueblo, durante unas vacaciones de verano. Le dijeron que a mí me gustaba, cosas de críos en la piscina, ya sabéis. Yo tenía diez años, él doce. Y claro, se hizo el chuleta. Me empujó y caí al agua. Me asusté tanto por la sorpresa que chapoteé desesperadamente hacia la escalera, tosiendo mucho porque había tragado un montón de agua. Sus amigos se reían. Yo subí los escalones, humillada, y me alejé de ellos. Quería desaparecer, pero sólo logré esconderme, titiritando, en mi toalla. Él se acercó a mí. «Lo siento», dijo. A mí me temblaba la barbilla. No quería echarme a llorar. «Lo siento», repitió, y cogió mi mano en la suya.

Ya no nos separamos en todo el verano y, aunque nunca más lo volví a ver, cada principio de febrero me acuerdo de él y de su cumpleaños.