Día desenfocado

No soy como mi amiga Bea, que le encanta correr, ni tengo bici como Silvia. Tampoco tengo perro como Marcos, pero hoy me apetece perderme por el monte. Ando, pienso, escucho el sonido del viento en los árboles y, aunque me sienta muy libre, algo oprime mi pecho y no me deja ver con claridad.

Me pierdo por el monte y no veo nada.

Me pregunto qué es lo que podría hacer para encontrar el camino. Me lo pregunto muchas veces y tanta pregunta no me deja avanzar. Estoy como paralizada.

No sería grave si no fuera porque no puedo parar de pensar… sí, eso… que aunque sea feliz de base, hoy no me siento demasiado bien…

Incluso las princesas con príncipe tenemos derecho a estar tristes y necesitamos nuestro momento para estar solas. Aunque no puedo evitar escribirlo en mi libreta para compartirlo con vosotros en mi blog. ¡Ánimos a todos los que tengan un día malo! Yo, a los días en que parece que no puedo encontrar el camino, los llamo «días desenfocados». Hay sol, el paisaje es bonito, se respira un ambiente tranquilo… pero yo estoy como cegata… no veo bien.

Lo veo todo desenfocado.

Así que cierro los ojos, me voy a la cama y confío en que mañana lo veré todo mucho más claro.

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